Los orígenes de Julieta Venegas en el año 1997

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A mediados de 1998, un artículo de El País de España hablaba de una joven cantante mexicana que se trasladó desde Tijuana a la capital azteca para triunfar en la música de la mano del exitoso productor Gustavo Santaolalla.

Lo que viene es una reseña escrita por Bruno Galindo, de una mujer que con su piano y acordeón logró el éxito a nivel latinoamericano y mundial.

Tan sólo una década después de que en el rock mexicano se levante el toque de queda, el panorama se muestra asombrosamente renovador. El penúltimo argumento de esta modernización del sonido azteca es “Aquí”, un disco luminoso y atípico —caja de ritmos, acordeón, piano y voz— orquestado por el factotum del rock latino Gustavo Santaolalla (Molotov, Cadillacs, Café Tacuba, Aterciopelados) y protagonizado por una tijuanense de 27 años llamada Julieta Venegas.

Su andadura artística arranca allí, junto a la frontera más grande del mundo: “A los 18 años empecé a componer y tocar mi propia música. Mi primer grupo se llamó Chantaje y fue la primera formación de los actuales Tijuana No. Hacíamos reggae. Con ellos estuve como ocho meses de vocalista y a veces como teclista (empecé estudiando piano clásico a los ocho años). Pero llega un momento en que tienes que pensar si vas a Los Ángeles o te vienes al DF, porque en Tijuana no vas a crecer mucho. Aunque allí tenemos asimiladas las dos culturas, a mí me atrajo más México. Esta es una ciudad de extremos: tenemos muchísima riqueza cultural y mucha violencia. ¿Pero qué iba a hacer yo en Estados Unidos? Allí siempre seremos vistos como emigrados. Me gusta la actividad que tiene este lugar, aunque sea un lugar tan fuerte. Yo de aquí no me muevo”.

De modo que Julieta se radica, hace cinco años, en la fascinante capital del smog, de la superpoblación, de la mordida institucional, de los taxistas violentos y del underground chilango. “Armé un grupo que se llamaba Lula, duró un año, tronó por broncas y entonces dije: este es el último grupo que hago en mi vida. Antes de eso pensaba que necesitaba un guitarrista, un bajo y una batería detrás mío; cuando entendí que no era así todo se me hizo más fácil. Compuse la música para un par de obras de teatro. Y empecé a actuar yo sola con una caja de ritmos y el acordeón —siempre me gustaron los instrumentos hechos a un lado—; supongo que así se fue definiendo un estilo que combina todo lo que me gusta. Luego invité a un bajista amigo mío y a otros músicos como Rafael González (de Botellita de Jerez) o Joselo Rangel (de Café Tacuba), que me ayudaron a arrancar mi proyecto. Al final aquello era una especie de cooperativa en la que cada día aparecían unos u otros, o yo sola. Para reflejar lo que estaba sucediendo tomé el nombre de un libro: La Milagrosa, de Carmen Bollosa. Hasta que empezó a haber confusión porque se pensaba que era un seudónimo mío”.

En estos momentos entra en escena un cazatalentos o productor discográfico. Santaolalla: “No sé de dónde salió. Yo ni siquiera tenía la intención de hacer un disco. Pensaba: ¡oh!, sí, algún día lo haré. Pero no me había dado cuenta de que ahora, cuando más distendida me sentía, se empezaba a dar todo. Yo sabía que Gustavo era la persona con la que quería trabajar porque había escuchado varias producciones suyas y todas sonaban siempre al grupo, no al productor. Y eso es lo que yo necesitaba. Estaba aterrada de entrar en un estudio y que la cosa se me fuera de las manos”.

Quedaron 12 canciones pulidas, intimistas, de una inspiración brutal. “Aquí” es el debút de una de las más heterodoxas artistas del actual pop-rock latino: “Esto está tomando una validez más universal. En Estados Unidos están descubriendo que lo que hacemos tiene un peso musical más allá de ser una moda como cuando salió la world music. Esto no es un movimiento definido; como latinos retomamos cosas que ya hemos escuchado en la música anglo y las estamos utilizando para sacar y reflejar nuestra propia cultura. Sería interesante ver como los latinos absorben músicas no latinas y las hacen suyas: un hip-hop mexicano o peruano o chileno o español”.

LLORAR CON DAVID BOWIE

Ojo, ¿no estaremos entrando en zona de proselitismo latino? Fuera sospechas: “Fíjate que últimamente he descubierto a David Bowie. Lo vi en concierto hace poquito y fue impresionante, casi hasta lloro. Alguien a quien nunca he seguido ni he entendido y ahora no dejo de oír discos de Ziggy Stardust y Hunky dory. Estoy aprendiendo a tocar la guitarra con esos discos. También me encantan Smashing Pumpkins, Nine Inch Nails, Radiohead. Siento que ahorita lo importante de la música contemporánea no es que sea complicada o fácil, que tenga guitarra o no la tenga. La música no es lo que es, sino lo que te causa. Todo el mundo está obsesionado con las etiquetas. Y con ser cool: nadie se atreve a ser ingenuo”.

Julieta celebra la propagación de un fenómeno rockero en México del cual ella forma parte: “Hace 10 años salían grupos, pero no había espacios para tocar ni disqueras que se interesaran en firmarles. Yo nunca escuché a Botellita de Jerez ni Ritmo Peligroso, no tenían distribución; el primer disco de rock que llegó a Tijuana fue el primero de Maldita Vecindad. Para que siga existiendo rock tiene que haber antros, disqueras, medios, grupos que salen y que vengan… Vamos lento pero seguro”. Y festeja la edición de su primer disco en España —y la venta de 50.000 copias en su país— con la preparación del segundo. “Para nada va a ser una continuación del primero. Quiero evitar la careta de chava-cantante-compositora”.


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